Peñíscola vivió ayer uno de los momentos más destacados de sus fiestas patronales con la celebración de la segunda actuación de las tradicionales Danses en la Plaza de Armas, a los pies del Ermitorio de la Patrona, la Virgen de la Ermitana, y junto al Castillo.
El acto contó con la participación de los «dansants», «llauradores» y «cavallets», protagonistas de una manifestación cultural profundamente arraigada en la tradición peñiscolana. La jornada incluyó también la representación de la segunda parte de la tradicional danza-batalla de «moros i cristians», uno de los momentos más esperados de las fiestas.
La Plaza de Armas se convirtió así en el escenario de una celebración marcada por la emoción, la música, la danza y la tradición, en un entorno histórico y emblemático como el que conforman el Ermitorio de la Virgen de la Ermitana y el Castillo de Peñíscola.
La segunda actuación de las Danses puso el broche de oro al día grande de las fiestas peñiscolanas, reuniendo a vecinos, vecinas y visitantes en torno a unas tradiciones que, generación tras generación, mantienen vivo el patrimonio cultural y festivo de la ciudad.
Una celebración cargada de emoción y sentimiento que volvió a poner de manifiesto la importancia de las fiestas patronales para Peñíscola y el valor de sus manifestaciones tradicionales como parte de la identidad de la ciudad.










